Una emprendedora handmade que sueña con vivir de su negocio es muy consciente que, tiene que formarse para aprender nuevos conocimientos y mejorar sus habilidades.

Sin embargo, hay un punto que jamás debe cruzar.

Y es que, la montaña rusa emocional a la que nos montamos cuando emprendemos, nos puede arrastrar a un punto de inflexión, donde dejamos de emprender, para volvernos unas adictas a la formación.

¡Tenía tiempo sin escribir en el blog! Ahora mucho de lo que comparto, lo hago de forma libre y dinámica en mi grupo privado de Facebook: Estrategias de Ventas para Emprendedoras Handmade.

Sin embargo, hace tiempo que siento que necesito darle palabras, a una emoción que veo de forma recurrente.

Ser una emprendedora handmade es volverte una mujer orquesta.

emprendedora handmade y mujer orquesta

Con los años me he dado cuenta que hay 2 tipos de emprendedoras. (Bueno en realidad hay mil tipos, pero me refiero a 2 tipos, en función de su forma de afrontar el hecho de montar un negocio).

Obviamente estoy hablando en términos generales, y seguro dejo por fuera diferentes situaciones personales.

Pero lo que quiero explicar es, la manera como entiendo las personas demuestran su actitud, ante la montaña que conlleva montar y hacer funcionar un negocio.

1.- La emprendedora orquesta.

Hay quienes tienen confianza en lo que hacen con sus manos, empiezan mostrándolo en las redes y a partir de allí comienzan a vender.

Conforme avanzan se dan cuenta que necesitan aprender cosas nuevas para seguir mejorando. Por lo que, investigan y buscan formarse en eso que necesitan dominar.

Muchas veces no son conscientes del orden en el que están formándose. Es decir, algunas veces empiezan por aprender contenidos más avanzados y otras veces buscan aprender cosas más básicas.

Pero al final el patrón es más o menos el mismo.

Se van formando sobre la marcha, cometiendo errores en su día a día y corrigiéndolos a medida que siguen trabajando en su negocio.

Con el tiempo este tipo de emprendedora, se termina convirtiendo en una auténtica mujer orquesta.

Porque emprender y tener un negocio, significa en el 80% de los casos, terminar aprendiendo y haciendo mil cosas que no tienen nada que ver con el proceso creativo y de fabricación de los productos.

Después de más de 4 años como emprendedora, me identifico en esta categoría.

Empecé sin saber prácticamente nada del mundo online. Toda mi experiencia comercial era offline. Me tocó aprender sobre la marcha todo sobre cuanto término técnico puedas imaginar.

He cometido muchos errores. Para que lo voy a negar. Hoy 4 años después los veo como aprendizajes. Pero en su momento fueron situaciones que llegaron a hacerme sentir que lo estaba haciendo mal.

Con respecta a lo de aprender cosas, he ido un poco al tun tun. A medida que me marcaba una meta como un pasito más en mi emprendimiento, me daba cuenta que necesitaba aprender algo nuevo.

Entonces buscaba aprender y dominar a la perfección eso. Trabajaba en mi objetivo, llegaba a la meta, y el círculo volvía a empezar. Otro objetivo, otra meta, otra cosa que aprender.

2.- La emprendedora adicta a la formación.

La otra cara de la moneda, son aquellas que empiezan a moverse en redes y se dan cuenta que si quieren crecer, necesitan aprender nuevos conocimientos.

Hasta aquí se parecen mucho a las del primer grupo. Sin embargo, durante el proceso de aprendizaje, se produce un fenómeno interesante de analizar.

¿Te acuerdas que emprender es sinónimo de montarte a una montaña rusa con los ojos vendados?

Una montaña rusa emocional, es esa donde un día te sientes con la energía para comerte al mundo y al día siguiente sientes que el mundo te ha pegado una paliza y te ha dejado tirada en el suelo llorando.

Sucumben a sus miedos y se dejan dominar por ellos.

Esos pequeños diablillos que les hablan al oído y las hacen senti